La Carrera de Escobas del Viento Otoñal

Cuento: La carrera de escobas del viento otoñal

Theo abrió el armario y allí estaba su vieja escoba de madera, cubierta de polvo. Era muy especial porque había sido de su abuelo y estaba llena de símbolos mágicos. La cogió y mientras la acariciaba, sentía una corriente que recorría su cuerpo. Recordó a su abuelo volando alto en el cielo, con una habilidad y gracia que parecían desafiar las mismas leyes de la magia.

Sabía que la gran carrera de escobas de Halloween estaba cerca, y aunque su escoba estaba viejita, quería arreglarla para participar y honrar a su abuelo. Con sus herramientas mágicas, Theo arregló las cerdas y pintó los símbolos para que brillaran de nuevo.

Cuando terminó, la escoba parecía nueva y vibraba con energía. Salió con ella de la casa y voló suavemente por el aire fresco. Theo sonrió, listo para la carrera. —¡Vamos a la aventura, vieja amiga! le dijo, y voló hacia la noche, listo para la diversión y el homenaje.

Bajo las estrellas brillantes, el campo de la competencia estaba lleno de magia y emoción. Las luces mágicas colgaban en el aire, haciendo que todo pareciera un sueño de colores. Magos de todas partes, con sus escobas especiales, se preparaban para la carrera. Algunas incluso zumbaban suavemente, listas para dispararse a través del cielo con la menor provocación.

Se puso en la línea de partida, rodeado de otros magos que murmuraban planes y ajustaban sus escobas. Theo respiró hondo, sintiendo el viento fresco y el suave murmullo del bosque. Al mirar hacia el cielo, las palabras de su abuelo resonaron en su mente: —No es la escoba, sino el corazón del mago lo que corta el viento.

Los jueces levantaron sus varitas, el aire se llenó de tensión y, con un estallido de luces y fuegos artificiales, la carrera comenzó. Theo y su escoba salieron volando con los demás y, aunque empezaron a quedarse atrás, Theo decidió disfrutar del vuelo. La brisa otoñal traía consigo el aroma de la tierra fresca y las hojas mojadas, y el bosque debajo se mostraba como un mosaico de colores cálidos: rojos, naranjas y amarillos.

Volando sobre un río, la luz de la luna en el agua creaba un efecto mágico. Theo disfrutaba cada momento, sintiendo la libertad del vuelo, pero la distancia entre él y los líderes le pesaba, viendo lo avanzadas que eran sus escobas.

Justo cuando la duda empezaba a nublar su entusiasmo, el viento cambió. Una ráfaga otoñal, fresca y vigorosa, se levantó, convirtiéndose en un inesperado aliado. La vieja escoba de Theo, tallada con secretos antiguos, cobró vida con el viento, esquivando y acelerando con una agilidad sorprendente.

—¡Vamos, vieja amiga! ¡Muéstrales lo que puedes hacer! —, exclamó.

El viento que desafiaba a los demás, parecía ser un impulso para él. Theo, leyendo cada cambio en el aire y ajustando su vuelo, empezó a adelantar a sus competidores. Los espectadores abajo comenzaron a animarlo con aplausos cada vez que superaba a otro mago.

No solo mostraba velocidad; Theo exhibía una maestría en volar, una danza con el viento que pocos magos alcanzaban. Con cada metro ganado, su confianza se fortalecía, y cada ráfaga de viento no solo lo empujaba hacia adelante, sino que reafirmaba su conexión con la escoba.

Aprovechando las ráfagas mágicas a su favor, Theo empezó a adelantar a los otros uno por uno. Conocía bien cómo moverse con el viento porque había practicado mucho volando cerca de su casa, en los claros y valles.

Los otros magos, que al principio confiaban en sus escobas modernas y rápidas, se veían en problemas con el viento que Theo usaba para avanzar más rápido. Mientras ellos luchaban, Theo se movía como si estuviera bailando con el aire. Usaba una táctica especial: volaba bajo en zonas de vientos fuertes, ganando estabilidad y ahorrando energía mientras otros batallaban con el aire turbulento. Además, seguía de cerca a otros competidores para usar el aire que ellos movían y mantener su velocidad fácilmente.

La conexión entre Theo y su escoba parecía mágica, como si realmente entendieran y respondieran el uno al otro sin necesidad de palabras. Esta sintonía perfecta les permitía ajustarse rápidamente a los cambios del viento.

El final de la carrera fue como el clímax de una música emocionante y rápida, con los corazones de todos latiendo fuerte mientras las escobas zumbaban en el cielo nocturno. Theo, en su vieja escoba, competía de cerca con el campeón del año pasado, un mago con una escoba ultramoderna y muy rápida.

Con la línea de meta cerca, los dos estaban casi empatados, y todo el público miraba sin pestañear, muy emocionado. Las cámaras mágicas mostraban cada momento de la tensión. Justo cuando parecía que el campeón ganaría de nuevo, el viento otoñal, el gran amigo de Theo, sopló más fuerte que nunca. Su escoba bailó con el viento, y con un último empujón, Theo pasó adelante, superando al campeón en los últimos segundos.

Al aterrizar, el rostro de Theo brillaba de felicidad por haber logrado su sueño: «Había ganado la Carrera de Escobas del Viento Otoñal», pero también el respeto y la admiración de todos los que vieron su increíble vuelo.

FIN

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