Hansel y Gretel (La casita de chocolate): adaptación del cuento de los hermanos Grimm
Había una vez un leñador pobre que vivía en el bosque con sus dos hijos, Hansel y Gretel, y con su segunda esposa, que no quería a los niños. El padre trabajaba duro cada día cortando leña para vender en el pueblo a cambio de alimentos, pero cada vez regresaba con menos.
Una noche, la madrastra de Hansel y Gretel habló en secreto con su marido. A la luz vacilante de una vela, dijo con voz temblorosa pero firme:
—No tenemos suficiente para comer. Mañana llevaremos a los niños al bosque y los dejaremos allí.
—¿Cómo voy a dejar a mis hijos solos en el bosque? —dijo el leñador con tristeza.
Pero la madrastra insistió, muy seria: —Si lo hacemos, tendremos más comida para nosotros. Ellos son jóvenes y sabrán cómo cuidarse.
Tras horas de discusión, el padre aceptó a regañadientes. Mientras tanto, Hansel, que era muy curioso, escuchó la conversación desde su cama y despertó a Gretel.
—¡Gretel, Gretel! —susurró—. Nos quieren dejar en el bosque.
Gretel abrió mucho los ojos, un poco asustada. —¿Qué vamos a hacer, Hansel? —preguntó.
—Confía en mí, ya se me ocurrirá algún plan para regresar—, le contestó Hansel.
Al amanecer, los cuatro salieron en silencio hacia lo profundo del bosque. El padre, con un hacha al hombro fingiendo buscar leña, y la madrastra caminaban delante. Hansel y Gretel, de la mano, seguían el camino; Hansel dejaba caer discretamente unas migajas de pan, marcando un sendero para regresar a casa.
Tras horas de caminata, llegaron a un claro del bosque. El padre les pidió que recogieran leña seca, prometiendo volver pronto después de cortar un árbol cercano. Después de la tarea que les mandó su padre, se quedaron dormidos al calor de una hoguera.
Cuando se despertaron, y sintiéndose abandonados, Gretel empezó a llorar. Hansel intentó calmar a Gretel. —No te preocupes, vamos a seguir las migajas que nos llevarán a casa —, le dijo a su hermana.
Juntos, buscaron el rastro, pero las migajas habían desaparecido, porque los pájaros se las habían comido. Mirando a su alrededor, sin ninguna señal que les indicara el camino a casa, se sintieron verdaderamente perdidos.
—Encontraremos otro camino, —, dijo Hansel.
Entonces, los hermanos avanzaron más adentro del bosque, buscando refugio antes de que la noche cayera completamente.
De pronto, entre los árboles, vieron algo increíble: una casita hecha de pan, dulces y chocolate. ¡Era como un sueño! Los niños, emocionados y hambrientos, corrieron hacia la casa y empezaron a comer un pedacito del tejado y otro de las paredes, sin imaginar quién vivía allí.
Desde la oscuridad apareció una anciana, tan dulce y acogedora como la casa misma. Sonriendo, dijo con una voz melodiosa:
—¡Oh, queridos niños! ¿Qué os trae a mi humilde hogar? Venid, estáis muy delgados. Dejadme prepararos algo caliente para comer. Seguro que tenéis hambre después de tanto vagar por este gran bosque.
Hansel y Gretel, cautivados por su amabilidad, la siguieron al interior, donde el aroma a galletas y dulces llenaba el aire. Se sentaron a una mesa pequeña mientras la anciana servía un guiso caliente que olía delicioso.
Mientras comían, la anciana los miraba con una sonrisa, pero sus ojos revelaban una chispa siniestra. Con voz suave, les aseguró:
—Descansad, niños. Aquí estaréis seguros y bien alimentados.
Pero después de la comida, cuando los niños se relajaron, la anciana se movió con una rapidez sorprendente. De su manga sacó una varita, murmurando palabras extrañas. Hansel sintió un escalofrío y quiso levantarse, pero era tarde. De repente, se encontró encerrado en una jaula de hierro, sin poder moverse.
Gretel fue agarrada por la bruja, que le susurró con una voz ahora amenazante:
—Tu hermano será engordado y luego lo cocinaré. Tú, querida, ayudarás en las tareas de esta casa hasta que decida qué hacer contigo.
En la oscura cocina de la casa de dulces, Gretel trabajaba sin parar, mientras pensaba en cómo escapar y salvar a su hermano.
Cada noche, la bruja se acercaba a la jaula donde estaba Hansel para ver si había engordado.
—¡Saca la mano por los barrotes! —le ordenaba con voz malvada.
Pero Hansel, que era muy listo, sacaba un huesito de pollo en lugar de su brazo. La bruja, que no veía bien y con la oscuridad no podía distinguir, tocaba el hueso y gruñía:
—¡Sigue estando tan flaco como un palito! ¡Así no puedo comérmelo!
Hansel sonreía en silencio, sabiendo que su truco estaba funcionando.
Una mañana, la bruja se cansó de esperar a que Hansel engordar y decidió que era hora de comérselo. Con su voz chillona, llamó a la niña:
—¡Gretel! Enciende el horno y revisa si está bien caliente.
Gretel sintió un escalofrío, pero no dejó que la bruja notara su miedo. Pensó rápido y con voz temblorosa respondió:
—No sé cómo encender las brasas. ¿Puede mostrarme usted cómo hacerlo?
La bruja, molesta porque creía que Gretel era tonta, gruñó:
—¡Qué inútil eres! ¡Está bien, lo tendré que hacer yo!
Se acercó al horno y, agachándose, metió la cabeza. En ese instante, Gretel reunió todo su valor y empujó a la bruja con fuerza dentro del horno.
La puerta se cerró de golpe, y la bruja gritó furiosa, pero no pudo salir. Gretel se quedó unos segundos temblando, luego corrió rápidamente a liberar a Hansel.
—¡Hansel, estamos a salvo! ¡La bruja ya no nos hará daño!
Los hermanos se abrazaron felices y empezaron a buscar la manera de regresar a casa. Pero antes de irse, descubrieron un cofre lleno de oro y joyas. Gretel sonrió y dijo:
—¡Con esto nunca más pasaremos hambre!
Llenaron sus bolsillos, y juntos salieron corriendo de la casita de chocolate, dejando atrás la terrible aventura.
Días después, llegaron a su cabaña donde se encontraba su padre muy triste y arrepentido. Al ver a sus queridos hijos los abrazó con lágrimas de alegría y les prometió no separarse nunca más. La madrastra había huido, y con el tesoro que traían, los tres vivieron felices para siempre.
FIN

Hansel y Gretel : Un Viaje a Través del Tiempo en un Cuento Clásico
«Hansel y Gretel», un nombre que resuena con la magia de los cuentos de hadas y evoca imágenes de oscuros bosques, casas hechas de dulces y aventuras peligrosas. Este cuento de hadas alemán, recogido por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm y publicado por primera vez en 1812, ha capturado la imaginación de generaciones. Catalogado como el número 15 en la colección de cuentos de los Hermanos Grimm, «Hansel y Gretel» es mucho más que una simple historia para dormir; es un relato de astucia, valor y supervivencia.
Orígenes e Impacto Cultural
«Hansel y Gretel» (La casita de chocolate) pertenece al tipo 327-A de la clasificación de Aarne-Thompson, que describe historias de niños que superan con astucia a una bruja caníbal. En este relato, los hermanos Hansel y Gretel son abandonados en el bosque por sus desesperados padres. Sin embargo, su encuentro con una bruja que vive en una cautivadora casa de pan de jengibre toma un giro oscuro cuando se revelan sus intenciones canibalísticas. La historia culmina en un dramático clímax donde Gretel, en un acto de valentía y astucia, empuja a la bruja a su propio horno, salvando a su hermano y escapando con los tesoros de la bruja.
A través de los años, «Hansel y Gretel» ha sido interpretado y adaptado en numerosas formas, reflejando su profundo arraigo en la cultura popular. Desde óperas y ballets hasta películas y series de televisión, la narrativa ha sido explorada y expandida, ilustrando su capacidad para adaptarse y resonar con diversas audiencias y épocas.
Relevancia y Lecciones Modernas
Lo que hace que «Hansel y Gretel» sea tan atemporal son los temas universales que explora. La historia no solo trata sobre el miedo y la supervivencia; también destaca la importancia de la astucia y el coraje en tiempos de adversidad. En una era donde la independencia y la resiliencia son más valoradas que nunca, Hansel y Gretel sirven como ejemplos emblemáticos de cómo la ingeniosidad y la valentía pueden superar incluso a los desafíos más temibles.
Además, la historia ofrece una ventana a las duras realidades de los tiempos pasados, donde la escasez y la desesperación podían llevar a decisiones extremadamente difíciles, como la de los padres de los protagonistas al abandonar a sus hijos. Esta dimensión del cuento proporciona un contexto rico para discusiones sobre ética y moralidad, haciendo de «Hansel y Gretel» un relato rico en enseñanzas tanto para niños como para adultos.
Adaptaciones y Traducciones
Curiosamente, en algunas ediciones antiguas en español, los nombres de los protagonistas se traducen como Juanito y Margarita o cambian a Pedro y Margarita, mostrando cómo las historias se adaptan culturalmente para resonar mejor con su público. Este aspecto de las traducciones y adaptaciones resalta la flexibilidad del cuento para mantener su relevancia, independientemente de las barreras lingüísticas y culturales.
Desde su publicación inicial en el siglo XIX hasta su pervivencia en la cultura moderna, «Hansel y Gretel» ha demostrado ser mucho más que un cuento para niños. Es una narrativa que sigue siendo relevante hoy, ofreciendo lecciones valiosas sobre la resiliencia humana y el poder del ingenio. Ya sea en un libro, en una pantalla o en el escenario, Hansel y Gretel continúan enseñándonos que, incluso en las circunstancias más sombrías, la esperanza y la astucia pueden llevarnos a la luz.